La pérdida de Michael Robinson

En ocasiones nos enfrentamos un dilema cuando se produce la muerte de un personaje público. Suelen surgir opiniones del tipo “no le conocías” “él nunca supo de tu existencia” “era famoso y rico, no necesita tu duelo” “ya podrías sufrir igual por todos los anónimos que están muriendo estos días”.

Sin embargo, yo tengo una visión diferente. Los humanos sentimos apego por aquello que conocemos y que nos influencia. Y Michael Robinson fue toda una referencia para una generación que comenzamos a aficionarnos al futbol en los 90. Michael nunca pareció un ex-futbolista por su físico, siempre nos dio la impresión de ser un comunicador de raza que durante unos años jugó al futbol. Para nosotros, la hornada de nuevos periodistas que entraron al panorama nacional con la creación de Canal+, tienen algo muy especial. Yo guardo a Antoni Daimiel en un hueco de mi corazón como lo hacía con Michael.

Esa fue la época en que se produjeron los míticos PC Futbol. Estupendos videojuegos de gestión de clubes de futbol que a todos los aficionados de la época nos traen recuerdos excelentes. Michael Robinson fue la cara visible y principal reclamo mediático de estas perlas del futbol de los 90 y ventana a nuestra nostalgia.

Robinson nos descubrió a muchos sus análisis de pizarra en El Día Después, y con un enfoque más distendido y lejos del repaso de la actualidad más pura, se centraba en un aspecto más lúdico y desenfadado de las jornadas ligueras. En sus transmisiones, Michael sabía dar el contenido de análisis, sin olvidar el factor de entretenimiento televisivo que también el futbol puede y debe llegar a ser.

Visto que la calidad periodística y comunicadora de Michael Robinson es incuestionable, me gustaría incidir en varias lecciones que a mí me fue dejando a lo largo de su carrera. En un momento en que El Día Después había agotado su formato y los medios españoles pedían contenidos de menor calidad, más histéricos y desprovisto de atención por todo lo ajeno a los 2 transatlánticos, Michael sacó adelante el proyecto de Informe Robinson. E hizo muy bien, pues se estableció como un programa de calidad, con mucha atención al detalle y que destilaba amor por el deporte y las historias que hay detrás de él en cada programa.

Lejos de caer en la trampa que la obscena tendencia de los programas futbolísticos han protagonizado en la última década, Michael probó algo nuevo en su carrera. Decidió evolucionar, exigirse y dar más calidad y más riqueza al consumidor de comunicación deportiva. Enfaticemos en esa elección, porque está de gran vigencia estos días.

Mi homenaje desde aquí. A los buenos, los queremos siempre.

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